sábado, 31 de julio de 2010

jueves, 29 de julio de 2010

No sin mi Pete

Pués tengo una asignatura pendiente con Gabriel. Quitarle el chupete nocturno...
Tiene una adicción a su pete ( "¡el peteeeeee!" grita como una pescadera al final de la jornada rebajando las sardinas) superior a la mía a la nicotina (el mono psicológico aún me dura y eso que hace más de un año que no fumo pero sueño con montañas y montañas de cartones de tabaco, en serio) y me ha costado lo mío deshabituarlo durante el día, a base de ignorar sus súplicas mamaelpete mamaelpete mamaelpete ¡el peteeeee! Y así durante una eternidad como un disco rayado. Le desvías la antención hacia otra cosa, vamos a jugar con los coches o a ver el Pocoyó o a tirarnos balcón abajo que así seguro se nos pasa la gana de chupo y de fumar. Pasan los días y lo más o menos se olvida porque además para ir a la calle hace siglos que no se lo pide.
Pero la siesta y la noche, eso es sagrado. Por la mañanita, recién levantadito mi nene parece más chiquitín de lo que es abrazadito a su elefantito, su osito y su leoncito (lo que da de si una cama) y su pete. Teoricamente aún es un bebé, porque la primera infancia no comienza hasta los tres años y él, hasta el 22 de septiembre no los cumple.
Le doy los buenos días, un abrazo y un besote a mi niño que huele a sueño, Lluna viene a dorarnos la píldora y le requiso  el chupete a Gabriel. Le da unos cuantos chupetones como el fumador que le da unas cuantas caladas al cigarrillo antes de volver al trabajo y me lo entrega cabizbajo. Te, me dice solemne como el reo en el patíbulo.
Sé que lo va a pasar mal y si no fuera porque se le está abriendo la mordida lo pospondría  el tema un tiempo más por la noche, pero no puedo demorarlo, puestos a pasar malas noches mejor ahora que aún no madruga para ir al cole.
Le voy explicando que dentro de poco cuando se vaya a la cama ya no tendrá chupete y el me responde enfadado ¡no!¡Es mío! Y le he comprado un Buzzlightyear que hace burbujas a ver si me lo cambia por el chupo pero como de tonto no tiene ni un pelo, me dirá que vale, pero luego me lo volverá a pedir.
En fin, ya seguiré contando a ver como llevamos el tema.

miércoles, 28 de julio de 2010

Se acabó lo que se daba

Es extraño... El otro día le comentaba a mi marido que desde que soy madre y concretamente, desde que ha nacido Ángela, he dejado de creer en el más allá. No sé en que preciso instante durante los últimos seis meses pensé cuando esto se acaba, se acabó.
Me asusta la muerte, lo confieso, pero lo que más me asusta es el hecho de dejar a mis hijos crecer sin mi presencia.
El año pasado murió una chica que tenía una tienda de ropa en el barrio. Así de repente. A penas la conocía, le había comprado dos abrigos en las rebajas cuando aún no estaba embarazada de Ángela. Entré con mi hijo en la tienda, intercambiamos algunas palabras, que bebé más bonito, mi hij@ tiene cuatro años, que rápido pasa el tiempo, disfrútalo que crecen rápido...
Tenía puesta música de Depeche mode y pensé anda esta es de mi quinta...
Se me quedará grabado de por vida que cuando lavase el abrigo le diera la vuelta y no le echara suavizante...
Se llamaba Sonia, tenía 34 años y la tienda se llamaba Mal paso como la productora de Clint Eastwood.
De un derrame cerebral...
La tienda sigue abierta por liquidación y si puedo evitarlo intento no pasar por delante porque me entra una tristeza infinita.

martes, 27 de julio de 2010

Ay Luna lunera...

Lluna es una gata carey tortuga. Las llaman gatas feas o gatas de pueblo porque son raras de cojones, pero de feas nada porque las careys son originales como ellas solas.
Photobucket
Ya es raro encontrar una carey en una tienda de animales pero yo me topé con una. Mi marido cumplía años, Nit necesitaba una compañera y me lié la manta a la cabeza, donde comen tres comen cuatro. La vi en la tienda de animales junto con dos gatos pelirrojos, de hecho, quería un gato pelirrojo pero la única hembra que había era ella. La dependienta me dijo "¿te llevas la negrita?" y lo de negrita era un decir porque el cogote, efectivamente, era negro pero cuando le dije "anda enséñamela antes que me arrepienta" quedé descolocada, ni el protagonista de la naranja mecánica. Aquello era la caricatura de un gato: tenía un ojo pintado, un pañuelo beige en el cuello y el resto del cuerpo como todas las careys, como si le hubiera caído un cubo de lejía.  Omitiendo además el par de parabólicas que tenía por orejas y que con la edad se le han equilibrado el resultado era de chiste.
No sólo en el físico resultó ser original mi Lluna -ah bueno! que era un regalo para mi marido, lo siento pero la Lluna es mía que para eso me corta la circulación de las piernas cada noche-, porque Lluna no maulla, emite un sonido a veces de macaco, a veces como si se hubiera tragado un patito de goma. Esta no abre puertas ni cajones -menos mal- pero es si le tiras un ratoncito de juguete te lo trae en la boca para que se lo vuelvas a tirar.    
PhotobucketEl problema es que se piensa que Gabriel es suyo, no sé si cree que Gabriel es otro gato -no sé donde leí que los gatos nos ven como a gatos grandes y torpes- o si se cree persona. Cada mañana en cuanto abro la puerta de su habitación Lluna se sube a su cama a darle los buenos días -suena así como currupipi!- Gabriel se emociona ohhh mama la Nuna  porque desde que Gabriel tiene el don de la palabra Lluna ha pasado a llamarse Nuna, hasta nosotros la llamamos Nuna a veces. Y Lluna en un acto de amor que le hace perder el miedo al bruto de nuestro hijo, le acicala el cabello a Gabriel mientras este permanece tumbado. Porque es una auténtica maniática de la limpieza -lástima que sea una gata y no sepa pasar la aspiradora- y a Nit la tiene limpia como los chorros del oro -la Nit para ser un gato es un poco guarreta la verdad- le brilla el pelo como en un anuncio de panten y a veces insiste en lamernos a nosotros -que conste que nos duchamos cada día-. También surgieron problemas cuando Gabriel empezó a gatear   y ponía su manita en el sofá para levantarse, pués a la Lluna le dió por darle un minizarpazo, una especie de quitaniñoquemolestas   porque Nit sin dudarlo, es lista como ella sola y cuando el niño la agobia hace un mutis por el foro y encuéntrame que lo tienes crudo, pero Lluna es territorial como el barco de Chanquete, de aquí no me mueve ni dios, o quizás se piensa que tiene derecho a regañarlo porque es suyo
Pero sé que en cuanto deje la puerta abierta de Gabriel, Lluna se irá a dormir con el, cada noche, para que en sus sueños salgan más gatitos esponjosos y achuchables. Porque si algo es nuestra querida Lluna, es adorable como un Gremlin.

domingo, 25 de julio de 2010

Yo no he sido

Ayer Gabriel dijo su primera mentira, y no fue precisamente piadosa porque se las cargó la pobre Nit.
Mi hijo (2 y 10 meses) estaba jugando con una mochila con un soporte de ruedas y la gata mirando la escena con cara de vas a tirar algo niño... Como efectivamente fue. Gabriel tiró una vela decorativa. Total le dije cielo ten cuidado, y mi hijo me respondió ha sio la Nit. Y se quedó tan ancho.
Me tuve que reprimir la risa y remarcarle que había sido él y no la pobre Nit que por una vez, no había roto nada.
Pués pronto empezamos...

viernes, 23 de julio de 2010

De brujos anda la cosa

Me contaba mi madre que una de las primeras canciones que recordaba haber escuchado era el Amor brujo de Manuel de Falla cantado por una tal Conchita Supervía. Mientras sonaba en la radio mi abuelo Vicente susurraba misteriosamente a mi abuela Loreto: “aquesta dona està morta” y mi pequeña madre se estremecía de miedo confusa, preguntándose cómo esa mujer muerta cantaba en la radio… A falta de videoclips musicales, puesto que en la España de aquellos años, precursora del “Cuéntame” no había llegado la tele, se la imaginaba cantando y bailando rodeada de otros muertos en medio de un infierno de fuego…
Con certeza no sé que edad tendría mi madre pero como mínimo 5 años, puesto que según la Wikipedia, la mezzosoprano Supervía falleció el 30 de marzo de 1936.
Mi madre debería haber sido coreógrafa de Hollywood por lo menos… Las imágenes que llega a transmitir una buena partitura a una mente infantil son asombrosas, ahora rescato esto de youtube y supongo que no dista mucho a lo que mi madre veía en su cabeza.

Yo sí tenía TV pero la película Fantasía sólo podía verse en cines. Toni, mi hermano mayor, tenía el disco de la banda sonora, y yo sin ver una solo fotograma de Mickey Mouse trajinando agua en el aprendiz de brujo me hice una idea aproximada de la escena.

miércoles, 21 de julio de 2010

Como pasa el tiempo...

Hoy hace 11 años que murió mi padre.
No voy a recordar ese nefasto día ni el vacío tan grande que dejó en nuestras vidas.
Voy a recordar, como cada día, el sonido de su voz, el olor de sus abrazos, su irónico sentido del humor... Sin embargo cada vez que escucho a mi hijo canturrear, tamborilear los dedos encima de la mesa o veo como mueve las manos dirigiendo una orquesta imaginaria al compás de una canción, me doy cuenta que mi padre no se ha ido del todo.
Lo que daría por eso, como exfumadora empedernida, por fumarme un cigarrillo, tomarme un café y volver a escuchar esta canción en tu compañía...

miércoles, 7 de julio de 2010

Nit

Nit es más lista que el hambre que no pasa. La noche de San Juan consiguió abrir la bolsa de los petardos y salir pitando pasillo abajo con la mecha en la boca. Y todo, porque el día anterior mi marido la había sacado de la caja donde venía convenientemente embalada para asegurarme que al niño no le había comprado petardos "trueno".
Como Nit tiene memoria de elefante a pesar de ser un gato, esperó a pillarme desprevenida para realizar tal hazaña, porque Nit no es una gata normal y corriente, nuestra Nit es mucha Nit...
Nit abre puertas, cajones, aparta sillas y cualquier día de estos nos monta un mueble de Ikea si le leemos las instrucciones.
Es majestuosa como una pantera con andares de hipopótamo, pesa alrededor de ocho kilos y cuando llegué con mi hijo a casa recién salida del hospital, casi me da un pasmo porque le triplicaba en peso y le duplicaba en tamaño. Hice lo típico, poner el capazo encima de la mesa y esperar que mis dos mininas vinieran a chafardearlo. Contuve el aliento y perdieron el interés al instante.
Dos años y nueve meses después Nit se ha arrepentido de no merendárselo mientras tuvo la oportunidad, ahora Gabriel le duplica el peso a ella y a la pobre le faltan patas para zafarse de sus torpes abrazos y tirones de pelo.
A veces mira de reojo a Ángela, imagino que debe pensar "el bocao que te daba yo en esa patorra".
En cuanto a Lluna, esa es otra larga historia...

domingo, 4 de julio de 2010

Operación sin pañal

No hace ni un mes le quité el pañal a mi hijo de 2 años y 8 meses.
No por gusto, si por mi fuera me hubiera esperado unos cuantos meses más pero el calor aprieta y los colegios también. En septiembre, entre otras cosas te los "piden" sin pañal. Dicen que respetan los tiempos del niño, que tienen en cuenta que un niño nacido en enero esté más avanzado que uno de diciembre.
Mentira cochina.
El 23 de junio tuve una reunión informativa. Lo típico: las batas –con botones, no tipo saco, para que vayan practicando, miré las fotos del blog del colegio y ni un solo niño de P3 llevaba los botones abrochados-, los tres libritos de lectura, las cuotas del AMPA por si nos interesaba ser socios y cuatro cosillas más que se podían contar en media hora pero las maestras tienen ese punto de deformación profesional al creer que un grupo de adultos tiene la misma capacidad de compresión que un niño de parvulario. Que fueran pillando autonomía este verano, subir y bajar escaleras solitos, que dejaran el famoso pañal….
Había escogido principalmente la escuela por cercanía. Dos niños pequeños, cuatro viajes al día, frío, lluvia y madrugones… Escuela pública, barrio obrero y el único concertado laico cercano no me tocaba por zona. Qué más me daba una escuela pública que otra.
Le pregunté a una vecina con hija en edad escolar:
“Ui no, en este cole no que hay muchos inmigrantes…”
Se me quedó cara de haba, mi vecina es dominicana. Entonces entendí que lo que quería decir en realidad era: “ui en este cole no que hay muchos moros”. Otra mami del parque me dijo que “en todos los colegios hay pero aquí hay más, además hacen grupitos”. Ella lleva a la suya a otro público de la zona, muy bonito porque es de reciente construcción y muy bien equipado y claro, supongo que los “grupitos” quedan mejor en un cole nuevo, además es de una sola clase por curso y como me dijo otra madre, “es que en el tuyo se notan más….”
Otra comentó que iba a llevar al suyo a un colegio del Opus Dei que cuesta una pasta y al empezar primaria separan a niños de niñas aludiendo aquello que las niñas tienen un ritmo de aprendizaje “diferente”. Para no caer en debates, resumiendo, el colegio iba en contra de nuestras creencias económicas y “religiosas” mis hijos no están ni bautizados… Si añadimos el agravante que Gabriel fue concebido por fecundación in vitro, cosa que la iglesia condena de todas todas, apaga y vámonos...
“Es que tienen muy buen nivel, a los cinco años ya leen” dijo otra mami.
Bueno argumenté que yo también leía con cinco años y no soy precisamente Cervantes. De bien poco me ha servido. Aunque claro, hay que justificar de algún modo los 300 euros en libros que se iban a gastar, si no leen en P5 con semejante dineral gastado en libros, menudo fracaso.
A lo que iba.
En la reunión del cole de mi hijo también puntualizaron la importancia de no llevar al niño con fiebre y que ellos, no estaban autorizados a suministrar medicamentos. De manera fina pusieron de vuelta y media a los padres que facturan al niño a clase con un chute de apiretal y que cuatro horas más tarde delira por la fiebre. Que buscaran a una persona para cuidar al niño si ellos trabajaban. Entonces me di cuenta de esa deformación profesional de los maestros al hablarnos como menores de doce años, si es que hay padres que el sentido común se lo dejaron no sé donde...
Yo no haré más comentarios al respecto que cada cual saque sus propias conclusiones.
Y nadie dijo más sobre el pañal.
Dos semanas antes yo estaba fregona en mano pensando que no iba a ganar para mudas. Me había empapado –nunca mejor dicho- sobre el control de esfínteres, unos te decían que era un entrenamiento y que a partir de los dos años era viable quitarles el pañal si daban una serie de signos. El mío más bien daba pocas señales, en abril lo había intentado y desistí en menos de media hora cuando mi hijo me dijo que “calzoncillos no, pañal pañal” y como madre irrespetuosa que soy había insistido en ponérselos y en veinte minutos me obsequió con tres pises.
Así que me cagué en los colegios y en sus normas y le puse el pañal otra vez.
Otros decían que es una cuestión madurativa y que si el niño no estaba preparado, no estaba preparado. Además podía traerle muchas consecuencias psicológicas negativas insistir en ello. Ciertamente, años atrás yo había hecho de canguro de un niño con encopresis (dicho de manera vulgar, se cagaba encima) y era un tema muy muy espinoso.
Aún así me armé de valor y el mes pasado le quité el pañal. La institución escolar es sagrada, podemos saltarnos los límites de velocidad, robar rímel en los chinos –yo no que conste- o hacer un simpa pero a algunos adultos como yo, llevarle la contraria a un maestro aunque tengas casi cuarenta años, pues no –aunque sospecho que las cosas ya no funcionan así-.
Fue una semana terrorífica, chantajeé a mi hijo para sentarse en el reductor y hacer burbujas en el baño, lo soborné con la casitos, caramelos, helados y -oh! milagro- pegatinas. Y perdí la paciencia, le grité, hice todo lo contrario a lo que se debía hacer.
Y al cuarto día escuché la frase más preciosa que he escuchado en el último año: “mama quero pipí en el váter”.
Y en los siguientes tres días empezó a pedir más pipi y a tener menos escapes hasta no se le ha vuelto a escapar más, ni la caca ni el pipi, ni está estreñido ni se contiene. Nada, como si hubiera nacido con calzoncillos de rayo macqueen.
Como el fumador que de la noche a la mañana tira el paquete lleno a la basura y no vuelve a fumar más.
Así que la próxima vez no pienso leerme tantos artículitos.