domingo, 25 de agosto de 2013

Y de mayor quiero ser...



Es una pena que con dieciséis años tengas  que escoger si eres de letras, de ciencias o de mixtas. Una pena también que no se pueda vivir la vida al revés como En el curioso caso de Benjamin Button.
Soy de letras. Mi parte abstracta y mi percepción espacial deben estar escacharrada porque los números siempre me han costado horrores. Un claro ejemplo de discalculia, la dislexia numérica.


El caso es que durante mi eterna e inútil trayectoria en el instituto lo único que tenía claro es que las ciencias y en concreto, las matemáticas no eran mi fuerte.  Escogí letras puras, latín, griego y literatura en tercero de BUP, una prueba más que el paso por el instituto  es un puro trámite a la Universidad.
 Siempre me había atraído la medicina pero siendo de letras, ni me lo planteaba.
Esto de la medicina lo llevo en los genes,  por parte de madre para ser exactos. Mi madre descuartizaba un pollo o un conejo en un tiempo record y sin inmutarse. Sé que sus primeros ensayos en el tema anatómico animal, fueron con un pavo -vivo- para celebrar la navidad en los inicios de su incipiente matrimonio. Voy a sorprender a mi marido, vamos a comer pavo y encima lo voy a matar yo. No se le ocurrió sorprenderle con un picardías, no. Le cortó el pescuezo y lo que suele pasar en estos casos, el bicho salió corriendo decapitado por todo el piso, innovando a principios de la década de los cincuenta, el estucado de pared.

Años más tarde, mi madre, mi hermana y yo nos aficionamos a un programa que se llamaba En buenas manos. Aguantábamos todo lo que nos echaban, operaciones a corazón abierto, apendicitis y hasta un levantamiento de cara. Así de literal, no sé que estaban operando con exactitud pero el cirujano le arremangó la cara a la paciente como si fuera una careta de goma, desde la barbilla hasta la frente. Mi marido insiste en que en realidad tengo una vena sádica...
A pesar que numerosas señales indicaban que seguramente, tenía madera de médico, el ser de letras o de ciencias, añadido a la pelota mental que tenía en mi adolescencia, hizo que ni me plantease la posibilidad de estudiar medicina.
Así que si vuelvo a nacer intentaré acordarme y ponerlo de primera opción, porque en esta vida no va a poder ser.  Es cierto es que nunca es tarde si la dicha es buena pero con lo prohibitivas  que se han puesto las carreras y con lo rápido que se me suicidan las neuronas, no iba a durar ni un trimestre.
Pienso en House que tantos posts me ha inspirado  por esos mundos de bloggs, ese médico de ficción que en lo único que se parece a algunos de la realidad es en la mala leche (ojalá la ironía en el sector médico fuera inversamente proporcional a la buena praxis, porque generalmente suele ser justo la inversa). Tengo muchas cosas en común con el personaje, el diagnostica enfermedades imposibles, yo en mi casa encuentro lo inencontrable.

Y la música.
Eso me viene de familia, por parte de padre, y esta vez fuera bromas. Os refresco la memoria, mi padre era violinista y trombonista, durante muchos años hizo bolos con una orquesta a la par que lo compaginaba con el trabajo que sustentaba a la familia, un taller de artes gráficas. Mis tres hermanos mayores no mostraban aptitudes más allá de disfrutar escuchándola, y eran más bien duros de oreja. Sin embargo mi hermana y yo, sí. Pero cosas de la vida, mi padre era muy conservador y nosotras llegamos a su vida muy tarde. Entre unas cosas y otras nos quedamos con las ganas, y muchas de estudiar solfeo.
Es mi asignatura pendiente.
Matriculé a mi hijo hace un par de cursos en la escuela municipal de música a iniciación musical.
Cual fue mi sorpresa cuando a principios del curso pasado me envían un mail informándome de un curso de gospel para mayores de catorce años. Dudé y dudé, por dios,  el sentido del ridículo me podía, de los catorce a los cuarenta van tres mundos... Al final empujada por mi marido llamé, bueno si somos muchos no se escucharán los gallos, me consolé. Y la secretaria me animó a ir, prueba, que van la mayoría de alumnos de poprock y se han apuntado algunas mamás.
Y allá que fui haciendo mío el lema quien tiene vergüenza, ni come ni almuerza. Y por muchas clases que me quedé. Una horita para mi sola, sin niños, sin tener que preocuparme de las cenas, los baños, los pijamas... Una hora para gritar  de manera creativa.  Salía con un subidón de adrenalina impresionante y con las pilas recargadas para toda la semana.
Hasta Navidades impartió las clases Pau Sastre . Un profesional de la música de lujo. Cantante y productor (y guitarrista de Bustamante me chivó Eva, una compañera mamá) y encima, guapo.
Gracias a él nuestra actuación fue muy pero que muy digna (sin desmerecer a las alumnas jóvenes que menudos vozarrones). La grabación está en mi poder bien guardada bajo amenaza de celibato perenne a mi marido si se le ocurre mostrársela a alguien). A pesar de los gallos soltados, subir a un escenario a cantar con público, ha sido uno de los momentos más emocionantes de mi vida que atesoro  en mi memoria con muchísimo cariño. Además de guardar el mejor de los recuerdos de mis compañeras mamá: las dos Evas, Isabel y Xantall. Que manera de contarnos la vida en una hora antes de salir al escenario, para habernos quedado afónicas antes del concierto...


Luego tomó el relevo Gemma Abrié , tan joven, tan guapa, irradiando positivismo, tan segura de sí misma, con una voz que soy incapaz de describir por lo preciosa e impresionante. Ella nos puso las pilas e intentó que dejásemos de movernos como limpiaparabrisas.
Aunque tuve que interrumpir las clases de manera precipitada sin acabar el curso por causas ajenas a, estoy esperando impaciente si el curso se vuelve a formar grupo.
Daros las gracias a los dos, Pau y Gemma por lo fantásticos que sois como profesionales, como profesores y sobre todo, como personas.
Así que he decido no postergar más el asunto y buscar clases de solfeo para adultos y quitarme de una vez por todas esa espinita . Supongo que es una sensación parecida a la que siente un analfabeto cuando desea aprender a leer: ha nacido con esa capacidad pero nadie le ha enseñado jamás las letras.

5 comentarios:

Angie dijo...

Conxi tu puedes!ANIMO Y AL TORO!! Los sueños hay que perseguirlos y tocarlos y rebozarse en ellos! así que a disfrutar de las claves de Sol y de las corcheas!! te va a encantar

Angie dijo...

Mi padre tiene 65 años y toca cualquier cosa que pueda hacer música desde crío. Nunca había dado solfeo, tocaba de oido. Y no es porque sea mi padre, pero lo hace realmente bien.

Hace más o menos 5 años se apuntó a solfeo. Así que nunca es tarde, no? ;)

Ruth Solé dijo...

Me ha encantado Conxi!!
Menudo post intenso!!
Sin duda debes retomar aquello que tanta vitalidad te da. Yo he recuperado el amor por escribir y lo hago con toda mi pasión e ilusión.

Por cierto, no hay soborne para ese video?? Jajajajjaa

Conxi dijo...

No no que luego pasa lo que pasa se convierte en un video que te infunde animos jajajaja

EvaB dijo...

Que chulo, Conxi. Yo siempre he sido de ciencias, lo mío son los números, y sin embargo, como siempre me ha encantado leer, todo el mundo pensaba que haría algo de letras, como si fueran cosas incompatibles :-o